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Cuando no todo cabe en una gráfica

Los tangibles frente a los intangibles: decidir cuando no todo cabe en una gráfica

En el sector inmobiliario nos apoyamos cada vez más en los datos y está bien: aportan claridad, ordenan la realidad y nos obligan a poner los pies en el suelo. En un mundo tan complejo y tan veloz, son imprescindibles. Pero hay decisiones que no se pueden tomar únicamente desde un Excel. Y, paradójicamente, son las decisiones más importantes.

Porque en los números aparecen los “qué”, pero no se ven los “por qué”.

Puedes medir llamadas, cierres, ratios, tiempos, conversiones… Pero no puedes meter en una tabla la evolución de una persona, su curva de aprendizaje, su encaje en el equipo, el coste de oportunidad de perderlo o de tenerlo, la tensión de un momento de mercado, el impacto emocional de un cambio profundo o la forma en la que alguien asimila una nueva metodología.

Y, sin embargo, eso también determina resultados.

La cuestión es: cómo tomamos decisiones complejas cuando conviven lo medible y lo que no lo es.

Creo que la respuesta no está en elegir uno de los lados, sino en combinar ambos aplicando un proceso más frío, más analítico, más complejo y más honesto que el típico “yo creo que…” o “los números dicen que…”.

1. Cabeza fría, siempre.
Los momentos de tensión o incertidumbre hacen que sobrevaloremos los datos o infravaloremos la intuición e incluso al revés. Ninguno extremo funciona.

2. Listas de pros y contras (pero de verdad).
No solo las evidentes: incluir impacto en el equipo, coste emocional, posibles fricciones, riesgos silenciosos, tiempos de adaptación, efectos sobre la cultura interna…. Lo que no se mide sigue existiendo.

3. Números, sí, pero contextualizados.
Una caída de ratios puede ser falta de foco… o puede ser que la persona está aprendiendo algo nuevo, o que el mercado ha cambiado, o que el proceso que le estamos pidiendo no encaja con su manera natural de trabajar. Los datos sin contexto cuentan solo media historia.

4. Y, sobre todo, pensar diferente.
En este sector tenemos la tendencia a asumir que solo hay un camino válido para hacer las cosas. Si una técnica funciona para algunos, se universaliza. Si un proceso encaja con la mitad del equipo, se aplica a todos.

Pero quizá el camino correcto no sea el tradicional. Quizá exista la opción de construir rutas alternativas que no existen todavía. No todas las decisiones deben hacerse como “siempre se han hecho”. Y, a veces, lo más sensato es cuestionar precisamente eso.

Decidir bien no es elegir entre blanco o negro; es aprender a ver todos los grises que hay en medio.

En un entorno de asesoramiento y con la presión comercial, donde trabajamos con personas pero con objetivos muy claros numéricos , la calidad de nuestras decisiones depende de nuestra capacidad para combinar lo tangible y lo intangible, estructura y una mirada más amplia que la que cabe en una gráfica.

 

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