Otro año más, ya ni sé desde cuando, me siento en la butaca del cine y empiezo a escuchar la música de jazz y a ver pasar las letras blancas sobre el fondo negro marca de la casa que como otras tantas cosas, no son más que el fruto de una manera de quitarse problemas y gastos de producción innecesarios.
Otro año más, asisto al estreno de la nueva película de Woody Allen como un ritual, como quien ve cerrarse un círculo el día que se come las uvas en nochevieja o quien apaga las velas en cada cumpleaños. Continue Reading


