Navidad. Salamanca. Inmobiliarios que son amigos, ¿Qué podría salir mal?
Efectivamente, nada.
Hay encuentros profesionales que funcionan por la agenda, por el cartel o por el prestigio de quienes los organizan. Y luego están esos otros encuentros que funcionan además por algo más difícil de explicar, pero muy fácil de reconocer cuando ocurre: el clima.
Eso fue lo que se respiró en Salamanca durante esos días previos a Navidad, en un evento organizado por Inmobiliarias de Salamanca que, con apenas dos años de vida, demuestra una solvencia, una personalidad y una madurez poco habituales.
Tuve además el orgullo de formar parte del cartel formativo con una ponencia centrada en algo que me parece especialmente necesario en este sector y en esas fechas: cómo afrontar la planificación del año. No desde la obsesión por los objetivos grandilocuentes ni desde el discurso motivacional vacío, sino desde una mirada realista, estratégica y profundamente profesional.
Planificar no es adivinar el futuro ni prometer resultados mágicos; planificar es ordenar prioridades, aceptar los límites y decidir conscientemente dónde poner el foco.
Mi ponencia giró en torno a una idea muy concreta: no se puede planificar bien si no se ha reflexionado antes pero también si no se sueña en grande. Las limitaciones ya vendrán después: el mercado, el contexto, el equipo, el tiempo, el dinero… todo influye.
Este tema de la planificación lo tengo estructurado en una formación desde hace años y siempre uso la metáfora de la carta a los Reyes Magos pero la verdad es que en un evento llamado INMONAVIDAD, me hizo especial ilusión y decidí darle mucha más importancia para demás, aumentar la memorabilidad del mensaje.
Salamanca se ha grabado ya en mi memoria para siempre este 2025 en el que la conocí por primera vez en mayo y he vuelto en diciembre rodeada de amigos.
Uno de los grandes valores de este tipo de encuentros es precisamente sacar al profesional de la dinámica diaria y permitirle observar su propio trabajo desde cierta distancia. Escuchar a otros, contrastar experiencias, confirmar que muchas de las dudas son comunes y compartir. Compartir tiempo y espacio en un clima de comprensión y afinidad. En ese sentido, el evento fue profundamente humano.
Mi experiencia en los eventos es que verdaderamente lo intangible es lo más valioso de los eventos ahora que la formación técnica está al alcance de la mano gracias a las tecnologías de la información. Lo que no aparece en los programas ni casi en las fotos, pero que es lo que realmente permanece. Las charlas improvisadas. Las risas compartidas. Las confidencias profesionales. Los silencios cómodos. Esos momentos que no engordan el currículum, pero sí para disfrutar y profundizar en el camino profesional. Como dice el “amigo maravilloso” (que también fue ponente), soy coleccionista de momentos. Y este encuentro suma unos cuantos más a la colección.
En un sector como el inmobiliario, donde a veces se confunde profesionalidad o éxito con altivez y exhibición, este tipo de eventos son un recordatorio muy necesario: se puede ser riguroso sin ser distante, ambicioso sin perder humanidad y estratégico sin dejar de ser cercano. De hecho, probablemente ahí esté su verdadera ventaja competitiva.
Por eso quiero felicitar a Inmobiliarias de Salamanca y especificamente a Manu Arias. No solo por la organización, sino por la personalidad del evento. Por apostar por un formato entrañable, coherente y con identidad propia. Por demostrar que, incluso en poco tiempo, se puede construir algo sólido si hay visión, criterio, cariño y ganas de hacer las cosas bien.












